Un “izquierdista” domesticado: Revolucionarios latinoamericanos sobre Gabriel Boric, el nuevo presidente de Chile

Nota editorial: El siguiente articulo ha sido traducido al español por los camaradas chilenos de Prensa Chiripilko.


Por David Martinez

Después de dos rondas electorales con un gran número de abstenciones, el falso socialista Gabriel Boric fue elegido nuevo presidente de Chile el 19 de diciembre. En la segunda vuelta, sólo participó el 55,5% de los votantes con derecho a voto, lo que dio la victoria a Boric frente al fascista José Antonio Kast. Boric se presenta como un “progresista” capaz de transformar el viejo Estado chileno, pero en realidad asume su cargo a la cabeza para intentar insuflar vida al mismo sistema burgués (capitalista) moribundo que es la raíz de la miseria del pueblo. A diferencia de la autocomplacencia de la falsa “izquierda” chilena y extranjera, los revolucionarios de su propio país y de toda América Latina han denunciado a Boric como un oportunista y un charlatán.

Fue más gente la que se abstuvo de votar que la que eligió a Boric

Tras la primera vuelta de las elecciones, los revolucionarios chilenos emitieron una declaración para denunciar a Boric, al viejo Estado chileno y sus intentos de engañar al pueblo. Los revolucionarios chilenos han dicho que las elecciones sirven para “legitimar un sistema podrido que se cae a pedazos” y han levantado el lema “¡El camino es luchar, no votar!” que ha sido documentado en pintadas en Chile.

El pueblo chileno está siendo azotado por la creciente inflación en los precios de los productos básicos, que los compañeros chilenos atribuyen a que la clase dirigente se aprovecha de la crisis económica y sanitaria para subir los precios. Los revolucionarios dicen que Boric y otros candidatos “vienen prometiendo que resolverán esta crisis que arrastra problemas de décadas.”

Boric también forma parte de la coalición para reeditar el viejo Estado mediante la redacción de una nueva constitución, que la falsa “izquierda” chilena vende como el medio para superar el legado del fascismo en el país y hacer frente a las crecientes crisis. Con nueva constitución o sin ella, Chile es una dictadura de su clase dominante burguesa. Estos gobernantes están al servicio del imperialismo, principalmente estadounidense, y este servilismo se extiende también a los falsos “socialistas” como Boric.

La Asociación de Nueva Democracia, afiliada a los revolucionarios peruanos, comentó la realidad del próximo gobierno de Boric: “Los resultados de la elección en la primera vuelta muestran que los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta tendrán poco peso en el Senado. … Por lo tanto, después de la segunda vuelta, el oportunista Boric tendrá que gobernar con el consentimiento de las dos facciones de la gran burguesía, la compradora y la burocrática, es decir, se repetirá el mecanismo de gobierno de la ‘concertación’ de colaboración con el pinochetismo.”

En otras palabras: En los países del Tercer Mundo, la burguesía compradora son los capitalistas privados, vinculados a los grandes terratenientes del campo chileno que venden la tierra a los monopolios imperialistas para el agronegocio y la extracción de recursos. La burguesía burocrática son los que pretenden nacionalizar el capital bajo el control del Estado burgués, no en beneficio del pueblo, sino al servicio de los intereses imperialistas. Boric sólo podrá gobernar según la voluntad de estos capitalistas monopolistas privados y estatales, incluyendo a los fascistas del Frente Social Cristiano de Kast, que representan el legado de Augusto Pinochet. Esta connivencia entre la clase dirigente, particularmente con la corriente fascista, se conoce en Chile como “concertación.”

Pinochet, que gobernó Chile de 1973 a 1990, se instaló en un golpe de estado con el apoyo de la CIA, derrocando y asesinando al presidente socialdemócrata Salvador Allende. Antes del golpe, Pinochet fue nombrado jefe del ejército por el propio Allende. Allende, como presidente de Chile, no era más que otro testaferro de la vieja y podrida sociedad de la burguesía. Allende desvió al pueblo del camino de la lucha armada para conquistar el Poder y en su lugar lo condujo al matadero.

Los revolucionarios chilenos mantienen el legado de Luis Emilio Recabarren, fundador del Partido Comunista de Chile. Recabarren participó en las elecciones federales de principios del siglo XX, e incluso fue elegido diputado. Esta experiencia ilustró que, en última instancia, no había nada para los revolucionarios en los parlamentos reaccionarios.

Por el camino de la revolución, decía Recabarren, “podemos hacer una plataforma desde la que se puede decir tanto y mucho más de lo que se puede hablar desde un parlamento, con la ventaja todavía de que el trabajo realizado en las calles siempre encontrará partidarios, mientras que no reclutaremos ni uno solo de los parlamentos, porque allí no hay seres humanos sino monstruos, insensibles al dolor ajeno.” Recabarren continúa: “Enviar hombres al parlamento significa corroborar el régimen injusto, consolidar y perpetuar el crimen establecido en el sistema.”

Hoy en día, las elecciones son aún más farsantes que a principios del siglo XX, cuando el imperialismo estaba menos desarrollado; la cabina de votación no es una salida a las crisis recurrentes del imperialismo y la brutal opresión que conlleva. Este hecho no impide que los falsos marxistas intenten retorcer la ideología proletaria para adaptarla a sus necesidades. El llamado Partido “Comunista” de Chile, que hace tiempo perdió su carácter revolucionario, se unió a la coalición oportunista para elegir a Boric.

En EE.UU., la revista Jacobin, un portavoz no oficial de los Socialistas Democráticos de América (DSA), promociona desesperadamente los resultados de las elecciones diciendo que el margen de 56% a 44% de Boric en la segunda vuelta representa un “deslizamiento de tierra”. Pasan por alto la primera ronda en la que Kast ganó un porcentaje mayor de votos, sin que ninguno de los candidatos obtuviera la mayoría, lo que provocó la segunda ronda en primer lugar.

El colaborador de Jacobin, Francisco Domínguez, se burla de los chilenos que ven a Boric poco diferente de Kast, diciendo que tienen “una postura de ultraizquierda”. En algunos municipios de clase trabajadora de Chile, la abstención electoral alcanzó el 65-75%, lo que convierte a estos enormes sectores del pueblo en “ultraizquierda” a los ojos de los oportunistas estadounidenses por no tragarse los engaños de Boric.

En cambio, los revolucionarios chilenos llaman al pueblo “a seguir el camino de la lucha que es el que conquista y puede defender nuestros derechos”. El camino de la organización, ya sea para oponerse al fascismo en la acción directa o para levantar movilizaciones y demandas populares, nunca puede ser sustituido por la participación electoral cada cuatro años.”

El Frente de Defensa de Luchas del Pueblo del Ecuador (FDLP-EC) emitió su propia declaración la semana pasada en apoyo a los revolucionarios chilenos, titulada “Gabriel Boric, la expresión de una izquierda domesticada”. En sus palabras, Boric es un “domesticado ‘comunista’ dispuesto a seguir arrastrando a las masas por el camino burocrático, el de la democracia de la gran burguesía y los grandes terratenientes.”

Para resistir esto, el FDLP-EC, dice, “el proletariado de Chile debe reunir la fuerza para retomar el camino de Recabarren, para reconstituir el Partido Comunista, tarea hoy en manos de la Fracción Roja, verdaderos abanderados de la única opción y decisión posible en manos del proletariado, el campesinado pobre, las minorías nacionales y demás pueblos oprimidos, la de la Guerra Popular hasta el Comunismo.”

Los oportunistas dentro y fuera de Chile impulsan las elecciones y la reforma constitucional porque no tienen fe en el pueblo para luchar por una revolución que pueda derrocar a la gran burguesía y a los ricos terratenientes, y echar al imperialismo norteamericano. Este odio a las masas es más vil entre los que reivindican el legado del socialismo, como Boric, que adoptan frases revolucionarias mientras arrastran al pueblo al mismo sistema que impulsa su opresión y explotación.

Los revolucionarios de América Latina y de todo el mundo no se hacen ilusiones sobre lo que es necesario para salir de la crisis cada vez más profunda del imperialismo. Por eso denuncian la farsa de las elecciones burguesas y luchan por la revolución para derrocar las viejas sociedades.

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